martes, 21 de noviembre de 2017

La caja de Pandora: El pobre caritativo (Gonzalo de Berceo)

Iniciamos la temporada 2017-18 de La caja de Pandora con uno de los milagros de Gonzalo de Berceo, recitado en esta ocasión por Paula García y Guadalupe Jiménez, de 1º de Bachillerato D.


lunes, 20 de noviembre de 2017

Club de lectura: Escribir entre líneas (I)





Las cosas, por su nombre. O no.

Al pan, pan y al vino, vino, dice el refrán. Pero ¿sabe el pan que se llama pan? Según nos aclaran los lingüistas, las palabras son signos cuya apariencia (el significante) no guarda ninguna relación con su interior (el significado). No se parece nada el pan a pan, como no se parece a bread o a ψωμí (pan, en griego). 

No hay, pues, tal cosa como un nombre verdadero, claro, natural de las cosas. O, al menos, si hay un nombre verdadero de las cosas, lo único que sabemos con certeza sobre él es que no es el nombre con el que cada tribu de humanos se refiere a ellas en su lengua particular (sea el inglés o el swahili). Las cosas (qué remedio) se dejan llamar por nosotros. Nos escuchan, quizá; pero no responden.

¿Hubo, habrá alguna vez un nombre verdadero de las cosas? No pocos mitos, leyendas, historias fantásticas, hablan de esto. Los magos, nos dice una de ellas (Un mago de Terramar, de la gran Ursula K. Le Guin), aprenden en su Escuela el nombre verdadero de las cosas, la fórmula mágica que sirve para que estas se den por aludidas y nos hablen a su vez, respondiendo a nuestras preguntas (Ondas de mar de Vigo, / ¿si vistes meu amigo?) y ejecutando, incluso, nuestras órdenes. 

Es un sueño, claro. Pero los sueños tienen su importancia. Son una síntesis muy poderosa de nuestros deseos y temores. Y, curiosamente, también en ellos están ¿escritos, compuestos?, más veces sí que no, en algún tipo de clave, que sabios como Artemidoro y Sigmund Freud han intentado descifrar.

¿En qué lengua podrían estar esos nombres veraces de las cosas? Descartadas las lenguas humanas conocidas, solo queda pensar en otras que nunca existieron, o que se han olvidado: la lengua, por ejemplo, que Dios enseñó a Adán y Eva para que pudieran charlar con él, y que Adán utilizó para ponerles nombre a los animales. Una lengua que se perdió cuando los obreros de la torre de Babel ofendieron a Dios con su deseo de subir por la torre, como por una escalera, hasta el cielo. Tras confundir las lenguas de todos ellos, se inaugura la era de las lenguas modernas, que parece que nombran las cosas, pero en realidad redirigen todas a un árido y desolador 404. 

Otras lenguas hay más o menos perdidas, que solo conocen los sabios, aquellos que se mueven por el pasado como si siguiera, de algún modo misterioso, presente. El latín, en especial, ha seducido a muchos de los que buscaban un nombre mejor, más noble, para las cosas. Linneo, el creador de la nomenclatura científica con la que nombramos a los diversos animales y plantas, les fue poniendo a todos nombre en latín: así, de un simple gato doméstico sacó un Felis silvestris catus; de un ciruelo, una Prunus domestica. Todavía en Hogwarts muchos nombres de conjuro son, simplemente, palabras latinas pasadas por la mente un tanto traviesa y olvidadiza de J. K. Rowling (que, por lo que vemos, no siempre asistió con el fervor de Hermione a sus clases de latín): Leviosa (de levo, levantar), Petrificus Totalus, Desmaius, Nox, Crucio...

La poesía, en fin (y, confesémoslo, a eso íbamos) también conoce su propia utopía léxica, el anhelo de una palabra de poder, mágica, capaz de eliminar la distancia entre el nombre y lo nombrado. Juan Ramón Jiménez, que se veía a sí mismo como un poeta pero también (y por eso mismo) un sacerdote pagano de la Belleza, escribió por ejemplo este poema, en que le pide a la Inteligencia (que aunque no lo parezca fue también un dios pagano: el Nous) que le dé las contraseñas secretas del mundo.

¡Inteligencia, dame
el nombre exacto de las cosas!
… Que mi palabra sea
la cosa misma,
creada por mi alma nuevamente.
Que por mí vayan todos
los que no las conocen, a las cosas;
que por mí vayan todos
los que ya las olvidan, a las cosas;
que por mí vayan todos
los mismos que las aman, a las cosas…
¡Inteligencia, dame
el nombre exacto, y tuyo,
y suyo, y mío, de las cosas!

No escribía Juan Ramón en latín o en élfico, sino en un castellano (a veces, andaluz) que, jotas aparte (jigante, Jorje, jenio), no era en principio distinto del de sus contemporáneos (ni del nuestro).  Tampoco inventó, como Tolkien u otros creadores de mundos, una o varias lenguas propias que solo él pudiera utilizar o entender. Sus milagros, muchos o pocos, los hizo con el español corriente y moliente. 

¿Cómo entender, entonces, esta referencia a un nombre exacto de las cosas que no sería una etiqueta pegada a ellas, sino la cosa misma: como una ubicación de Google Maps que permite al que la recibe ir directamente a las cosas? Un nombre que, si ha de servir para empresa tan ambiciosa, no puede ser propiedad exclusiva de nadie (ni de las cosas mismas, ni del poeta ni de sus lectores), sino que ha de ser común a todos ellos. 

Digámoslo ya: para JRJ, este lenguaje secreto, distinto al idioma en que nos comunicamos normalmente, y formado sin embargo por las mismas palabras que este, no es otro que la palabra poética; o dicho, de otro modo, la poesía misma.

Como un Doble del lenguaje corriente, la poesía utiliza las palabras de tal modo que las hace (¿o les permite?) hacer lo que normalmente no pueden: establecer una relación directa con aquello de lo que hablan. El lenguaje normal nos permite nombrar una rosa, y aludir a ella; la palabra poética nos permite, en palabras de Vicente Huidobro, hacerla florecer en el poema, es decir, hacer un poema de algún modo, sin dejar de ser un grupo de palabras, tenga el colorido, el aroma y el misterio de una rosa. Si la operación mágica es correcta, no tenemos la sensación de estar ante 'un poema sobre la rosa', sino de una rosa hecha poema, hecha palabras, verbalizada.
¿Es esto de veras posible? Bueno, no cabe duda de que es soñable. Y de que detrás de muchos poemas o imágenes especialmente memorables late este deseo de acercarse a las cosas de una manera mucho más íntima y directa de lo que normalmente es posible, a través de un uso peculiar, poético, de las palabras. Un decir que, como vamos a ver, se parece poco o nada a la idea popular de 'llamar a las cosas por su nombre'; se trata, por el contrario, de abrir por procedimientos imprevistos una brecha en la pared que generalmente nos separa de las cosas, y que no es otra cosa que la creencia en que sabemos lo que son, y en que ese saber es todo lo que saberse puede sobre ellas.

jueves, 9 de noviembre de 2017

Sexto concurso de sueños: All I have to do is dream

Sexto concurso de sueños

Whenever I want you,
all I have to do 
is dream.
(Everly Brothers, All I have to do is dream)



1. Podrán presentarse a este concurso de sueños cuantos soñadores así lo deseen, preferiblemente despiertos y residentes en el Campo Arañuelo. Habrá dos categorías: A. Soñadores que se presenten al concurso. B. Soñadores que no se presenten al concurso. Estos últimos parten, obviamente, con cierta desventaja.

2. Los sueños podrán presentarse en cualquier formato que resulte apropiado para trasmitir al lector, espectador u oyente la sensación de extrañeza y maravilla propia del género. Esto incluye, por ejemplo, sueños relatados en prosa o en verso (acompañados o no de ilustraciones), fotografías coloreadas o tratadas de algún otro modo, collages, composiciones musicales (con o sin letra), vídeos y eso otro que tú, noble lector, estás pensando, pero que a nosotros aún no se nos ha ocurrido. Este curso incluimos también una categoría especial para trabajos de investigación sobre el sueño y los sueños desde alguna de las siguientes perspectivas: Biología, Cultura Clásica, Filosofía, Francés, Historia, Historia del arte, Historia de las religiones, Inglés y Música. (Caben también aproximaciones desde otras materias.)

3. Los sueños se depositarán, con o sin testigos, en el Cofre de los Sueños que se habilitará en la Biblioteca del IES Augustóbriga, sin indicación alguna de autoría, hasta el día 20 de diciembre (incluido). Podrán también entregarse en mano al coordinador de la Biblioteca —o, en el caso de los trabajos de investigación, al profesor de la materia correspondiente.

4. Durante las primeras semanas de enero, los trabajos permanecerán expuestos en la página web de la Biblioteca (http://biblio-augustobriga.blogspot.com.es). Todas las personas que lo deseen podrán calificar de 1 a 10 cuantos sueños deseen, utilizando para ello el formulario que se pondrá a su disposición: constituirán así la asamblea anónima de soñadores que servirá de juzgado a este certamen. En el caso de los trabajos de investigación, los evaluará un jurado constituido por profesores de los departamentos correspondientes y miembros del equipo de trabajo de la Biblioteca.

5. Los trabajos que, al obtener la mayor puntuación, resulten ganadores (y quizá también los que no) se harán inevitablemente famosos y harán felices a las buenas gentes, lo que constituye el mejor premio al que cualquier autor pueda aspirar. Pero, por si eso fuera poco, en la tercera semana de febrero los participantes encontrarán sobre la mesa central de la Biblioteca los regalos que los Grandes Transparentes tengan a bien preparar para ellos, con la fórmula Para el autor de… Cualquier persona que se haya sentido conmovida por algún sueño y desee dejarle a su autor un regalo a modo de réplica está invitada a hacerlo.

jueves, 26 de octubre de 2017

Club de lectura: Contra Jaime Gil de Biedma



El tema del Doble ha dado mucho de sí en la narrativa. No es común, en cambio, encontrar   poemas que lo aborden —pero no faltan ejemplos espléndidos. Al que traemos hoy, concretamente, se le considera con razón una de las obras maestras de la poesía española del siglo XX.

Su autor, Jaime Gil de Biedma, es uno de los poetas agrupados en la Generación del 50; pero con el tiempo su figura ha ido agigantándose y destacándose dentro de dicha generación, de modo similar a como Lorca y Cernuda han emergido como figuras mayores dentro de su propia generación, la del 27.

El título, Contra Jaime Gil de Biedma (por Jaime Gil de Biedma), nos avisa que estamos ante un poema inédito, que no hemos leído antes. En un siglo donde la originalidad llegó a situarse en algún momento como el valor estético más importante, abundan sin embargo las obras de una u otras escuela (incluidas las diversas vanguardias) que no pasan de ser variaciones sobre un mismo planteamiento, que se ensayan una y otra vez con menor o  mayor acierto.

¿Cuántos poemas, en cambio, hemos leído en que la personalidad del poeta se escinda en dos?: uno, el que hace planes de reforma y mejora de la propia vida; otro, el que se ve arrastrado por esas decisiones, pero hace cuanto puede por sabotearlas.

Jung, el discípulo más brillante y díscolo de Freud, llamó a este segundo actor la Sombra, y lo definió como aquel que no queremos ser —pero somos, a pesar de todo. En el poema de Gil de Biedma, hay algo también en él del duende que hace imposible la vida de la familia en cuya casa hace de las suyas; y que, cuando la familia se muda para dejarlo atrás, es el primero en subirse al camión de mudanzas.

La Sombra es, por supuesto, una de las máscaras del Doble; o al revés, uno de los agentes que se presentan usando a este como máscara. Es el creyente que lleva dentro el ateo, el vicioso que acompaña al moralista y el ingenuo que protesta mientras el pragmático cierra sus tratos. En el caso de Gil de Biedma, es el yo que al poeta le gustaría dejar atrás, su propia imagen vista desde fuera y expuesta con todos sus defectos: guiada por la compulsión en vez de la reflexión y aferrada a su narcisismo, frente a la evidencia del deterioro implacable del tiempo.

Al final del día, observado y observador van a dormir juntos, pues comparten el mismo cuerpo. Ambos se detestan; pero se necesitan. Y entre ellos hay también afecto, aunque este surja de la aceptación resignada del otro.

Así dice don Jaime Gil:

CONTRA JAIME GIL DE BIEDMA

De qué sirve, quisiera yo saber, cambiar de piso,
dejar atrás un sótano más negro
que mi reputación —y ya es decir—,
poner visillos blancos
y tomar criada,
renunciar a la vida de bohemio,
si vienes luego tú, pelmazo,
embarazoso huésped, memo vestido con mis trajes,
zángano de colemena, inútil, cacaseno,
con tus manos lavadas,
a comer en mi plato y a ensuciar la casa?
Te acompañan las barras de los bares
últimos de la noche, los chulos, las floristas,
las calles muertas de la madrugada
y los ascensores de luz amarilla
cuando llegas, borracho,
y te paras a verte en el espejo
la cara destruida,
con ojos todavía violentos
que no quieres cerrar. Y si te increpo,
te ríes, me recuerdas el pasado
y dices que envejezco.
Podría recordarte que ya no tienes gracia.
Que tu estilo casual y que tu desenfado
resultan truculentos
cuando se tienen más de treinta años,
y que tu encantadora
sonrisa de muchacho soñoliento
—seguro de gustar— es un resto penoso,
un intento patético.
Mientras que tú me miras con tus ojos
de verdadero huérfano, y me lloras
y me prometes ya no hacerlo.
Si no fueses tan puta!
Y si yo supiese, hace ya tiempo,
que tú eres fuerte cuando yo soy débil
y que eres débil cuando me enfurezco...
De tus regresos guardo una impresión confusa
de pánico, de pena y descontento,
y la desesperanza
y la impaciencia y el resentimiento
de volver a sufrir, otra vez más,
la humillación imperdonable
de la excesiva intimidad.
A duras penas te llevaré a la cama,
como quien va al infierno
para dormir contigo.
Muriendo a cada paso de impotencia,
tropezando con muebles
a tientas, cruzaremos el piso
torpemente abrazados, vacilando
de alcohol y de sollozos reprimidos.
Oh innoble servidumbre de amar seres humanos,
y la más innoble
que es amarse a sí mismo!

viernes, 20 de octubre de 2017

Club de Lectura: Doble contra sencillo



Como en cursos anteriores, hemos empezado este año la andadura del Club de Lectura, que esta vez va a tener también algo (o bastante) de Taller Literario. Arrancamos el viernes 6 y seguiremos viéndonos todos los viernes lectivos (o casi) en el recreo. 


Durante este primer trimestre, emprendemos nuestro viaje a partir de un objeto real: el espejo, y otro imaginario: nuestra imagen en el mismo, que amenaza cobrar vida propia y convertirse en un Doble autónomo. 

Son muchas las historias que tratan el tema del Doble y sus aledaños. Para arrancar la actividad del club, leímos el viernes 6 buena parte de la historia con que Manuel Bartual revolucionó Twitter este agosto. Hoy, 20 de octubre, hemos empezado haciendo algunas consideraciones sobre esta historia. Helas: 

 * 


Además del uso creativo que hizo de Twitter, otro aspecto muy atractivo de la historia de MB es que mezcla elementos habituales de las historias sobre Dobles con otros menos comunes. E incluso los elementos habituales están tratados de forma innovadora: 

1.       Un agente maligno (¿impersonal?) hace copias de los personajes que se alojan en cierta habitación de cierto hotel y el personaje que es 'desdoblado' pierde la capacidad de hablar de forma coherente. Variación sobre la idea de que el Doble, como nuestra imagen en el espejo, invierte al original: su derecha es nuestra izquierda y viceversa. Tiene lógica que si el Doble habla, lo haga al revés, como la niña de El exorcista.  Lo cual conecta con su carácter diabólico (demon est deus inversus), y con el mundo de los muertos, que a menudo es concebido como una versión al revés del mundo de los vivos.

2.       El Doble suplanta al original, como sucede también en la película La invasión de los ultracuerpos (Invasion of the Body Snatchers, 1956, dr. Don Siegel; remakes en 1978, 1993 y 2007), en la que caen del cielo unas esporas que generan vainas, y estas vainas hacen copias perfectas de personas. El Doble, en este tipo de historia, parece humano pero no lo es: carece de sentimientos, de alma. En la película original, puede que los extraterrestres que se infiltran en secreto en los Estados Unidos fueran una referencia a los comunistas, con los que el Gobierno estadounidense estaba obsesionado. 

3.       Los personajes que efectúan el desdoblamiento salen de un hotel que es, a su vez, una copia invertida del hotel real donde se aloja Manuel. Resulta interesante imaginar que no solo los seres vivos, sino también los lugares y los objetos puedan tener Dobles. Bartual lo explica así: Me quieren suplantar. Hay alguien o algo en ese otro hotel que genera copia idénticas de los huéspedes que nos alojamos en el hotel donde he pasado esta semana. Luego intentan reemplazarnos.

Algunos ejemplos en otros contextos:

1. El antropólogo Lévy-Bruhl resume así las creencias de los pueblos 'primitivos' sobre el mundo de los muertos:

Hay un rasgo bastante constante: el mundo de los muertos es la exacta contrapartida del de los vivientes. Todo está allí al revés. En el mundo de abajo, las condiciones están, bajo todos los puntos de vista, en oposición a las de este mundo. Allí, por ejemplo, el sol y la luna viajan del Oeste al Este, pese a tratarse de los mismos astros que iluminan nuestro mundo. Cuando los muertos descienden la escalera, es siempre la cabeza la que avanza primero... Sus asambleas y, en general, toda su actividad es nocturna. Durante el día duermen; durante la noche corren de un lado a otro, preferentemente durante las primeras fases de la luna. En la isla de Aua (Pacífico) las canoas del mundo de los muertos (spirit world) flotan por encima de la superficie del agua con la quilla al aire por debajo de los pueblos de los muertos y el equipaje está colocado de abajo arriba. Hablan el mismo lenguaje que los vivos, pero las palabras tienen sentido opuesto: blanco significa negro; negro, blanco, etc. En el país de las almas, estas hablan la misma lengua que en la tierra, solo que cada palabra tiene precisamente el sentido contrario al que tenía; por ejemplo, dulce significa amargo, y amargo significa dulce. Estar de pie significa estar acostado, etc. Esta creencia se halla extendida también por el resto del mundo —y no solo en Indonesia—. Explica, por una parte, por qué los primitivos, casi en todas partes, tienen tanto miedo de encontrarse fuera en medio de la noche oscura. Entonces solo dejan salir a algunos pocos y siempre provistos de fuego. No temen tanto las bestias feroces que podrían atacarles cuanto los muertos que se exponen a encontrarse en el camino. Pues lo que para nosotros es el día, para los muertos es la noche. Así que aparece el alba, ha pasado ya el peligro. Los muertos van entonces a dormir. (Lucien Lévy-Bruhl, Alma primitiva, Madrid: Sarpe, 1985: 293-4.)

2. En la novela de Neil Gaiman Coraline (2002; se han hecho adaptaciones a otros medios: novela gráfica: 2008 y película: 2009), la protagonista encuentra en su casa una puerta que lo conduce a 'la Otra casa', en la que vive 'su otra madre', una madre que, a diferencia de la madre real de Coraline, está dispuesta a consentirle todos sus caprichos y tiene tiempo para prestarle toda la atención del mundo. Nada desea más la Otra Madre que convencer a Coraline para que se quede con ella: es decir, suplantar a la madre real.

3. En la segunda parte de las aventuras de Alicia, A través del espejo y lo que Alicia encontró allí (1871), Lewis Carroll cuenta cómo la niña cruza el espejo y va a parar a una habitación que es una copia exacta, pero invertida, de la suya.